El 20 de septiembre de 1974 La Presidente María Estela Martinez de Peron dictaba el decreto de promulgación de la Ley de Contrato de Trabajo (L.C.T.) 20.744. Esta ley implicaba un enorme paso adelante en la legislación laboral argentina, por cuanto unificaba y sistematizaba normas dispersas surgidas al calor de distintas luchas obreras de décadas anteriores, a lo que sumaba el aporte de las opiniones e investigaciones de prestigiosos juristas y la vasta jurisprudencia de los tribunales del fuero, en todo el país. Su autor el abogado Norberto Centeno tuvo la virtud de redactar la ley en términos llanos y sencillos, de modo que fuera entendida – según sus propias palabras – no sólo por los abogados sino, fundamentalmente, por los trabajadores.El Art. 15 de la ley (hoy Art. 19) sentaba – y sienta – un principio básico, rector del Derecho del Trabajo: ” Las desigualdades que creara esta ley en favor de una de las partes, sólo se entenderán como forma de compensar otras que de por sí se dan en la relación.” Ese ” de por sí ” se refiere a las diferencias de las partes en la relación de trabajo, y a la pretensión básica de las normas laborales de acudir en defensa de la más débil, precisamente, para equilibrarla. Obviamente, todo lo que la flamante norma ganó en elogios por parte de los sectores afines al gobierno que la había creado, tuvo como contrapartida las furibundas críticas del otro lado “de la grieta”. Desde allí se sostenía que se avecinaba un futuro funesto para las relaciones laborales, que la ley desalentaba la producción, las inversiones y el crecimiento, que fomentaba la vagancia y la insubordinación en el seno de la empresa, cuyos derechos para programar y organizar con exclusividad reivindicaban sin límite alguno, etc. El ” etc.” es utilizado en este texto con la absoluta convicción de que no será necesario abundar en las caracterizaciones que mereciera la L.C.T. en aquellos tiempos, dando por sentado que los lectores más viejos las recordarán y los más jóvenes tienen a su mano acudir a toneladas de papel y espacios web que hoy, 40 años después, siguen expresando lo mismo; tal vez por representar los mismos intereses.
CAPITULO 2.
El golpe cívico militar que llevara al poder a la dictadura genocida el 24 de marzo de 1976 otorgó a la Ley de Contrato de Trabajo el honor de ser la inicial receptora del odio clasista y represivo del nuevo régimen. En mayo de ese año, el cuerpo de la norma fue literalmente descuartizado, ya que, de los 301 artículos de su redacción original, más de 200 fueron, o bien eliminados (como el citado Art. 15; el “de por sí” volvía por sus fueros), o modificados para alterar sustancialmente su carácter protector. Una reforma así no se hace de un día para otro, lo que lleva a concluir en que el mismo día que se la puso en vigencia, alguien comenzó a trabajar para su futura derogación.
Pero hay algo más, en la noche del 6 de julio de 1976, el Dr. Norberto Centeno, junto con un amigo, fue secuestrado cuando se dirigía a su estudio, en pleno centro marplatense, detenido clandestinamente y torturado en la Base Naval de esa ciudad, apareciendo su cuerpo, sin vida, golpeado brutalmente en la zona de los acantilados, camino a Miramar. El informe médico inserto en el acta de defunción decía: “shock traumático hemorrágico”. Su muerte fue el escarmiento por su obra; su cuerpo sufrió el mismo odio salvaje que el texto de su ley. Otras diez personas, entre ellas cinco abogados, fueron secuestrados y, salvo dos, definitivamente desaparecidos en el mismo procedimiento, en la que pasó a denominarse La Noche de las Corbatas.
CAPITULO 3
El 26 de julio del año pasado, desde WWW.ACONTRAMANO.COM.AR advertíamos lo que proyectaba el gobierno de la alianza PRO-UCR como política laboral. Un editorial de La Nación ilustraba al respecto. A quienes deseen profundizar el tema, sugiero la lectura o relectura de aquélla (“VELANDO LAS ARMAS”) y, a los efectos de verificar la correspondencia de aquellos vaticinios con la realidad efectivamente registrada en el año transcurrido hasta el día de hoy, sumarle la “Carta Abierta a los Trabajadores” del Dr. Héctor Recalde, publicada en la edición de hoy en el diario Página 12. La nota obra como respuesta a las declaraciones del presidente Macri en el acto de asunción del nuevo canciller, en la que hace referencia a una supuesta “mafia de los juicios laborales ” (supuestamente comandada por el propio Recalde), que practica la aviesa conducta de “convencer” a los ” pibes ” a hacer un juicio laboral, que otros integrantes de la “mafia” (los jueces) se lo hacen ganar porque ” …tienen armadita la cosa …”, y son los que, en definitiva, se quedan con el rédito. Lo infantil de los términos (pensemos en la jerarquía presidencial) compite audazmente con la mala intención de los contenidos para describir lo que se trata, simplemente, del acceso a la Justicia para obtener el reconocimiento y resarcimiento de un derecho conculcado. Así surge de la Constitución Nacional y de las leyes laborales. Obviamente, existen intereses muy importantes (muchos de ellos representados en el gobierno de Cambiemos) que consideran esto como una afrenta, y montan la escena en términos similares a los que acompañaron 40 años atrás la aparición de la L.C.T. Si son muchas, a juicio del presidente, las demandas promovidas, podría descartar confabulaciones y relacionarlas con la cantidad de despidos, suspensiones, y demás violaciones a las normas laborales, producidas en estos meses de gestión. Y si su preocupación pasa, como sostiene, por el impacto que ocasiona en las pequeñas y medianas empresas, podría, asimismo, reflexionar acerca de los efectos de las devaluaciones, aperturas indiscriminadas de importaciones, desmesurados aumentos de tarifas de servicios, quita de subsidios y otras yerbas concomitantes, con que el gobierno ha querido emular las reformas neoliberales de la dictadura, reproducidas y aumentadas en los años 90´, en donde los jueces no fallaban, precisamente en favor de los trabajadores, y las normas laborales, debidamente “flexibilizadas” poco mantenían del principio protectorio con el que, por esencia, deben identificarse. Podrá, asimismo, el presidente recordar los resultados: la pérdida de la cantidad y calidad del trabajo, la quiebra de las empresas y la ruina del país. No hace tanto: año 2001.
CAPITULO 4
La muerte de Centeno, las “denuncias” al Dr. Recalde y las presiones sobre, entre otros, los jueces del fuero laboral tienen una sola matriz: el odio de clase y la vocación de venganza contra quienes han puesto su profesión al servicio de los derechos de los trabajadores.
Evidentemente, las corbatas siguen molestando.