“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida …” (“PEDRO NAVAJA”, Rubén Blades)

El General Perón sostenía que, entre los malos y los ignorantes, prefería a los primeros, porque los malos se pueden redimir, en cambio los ignorantes no tienen capacidad para aprender. Y, citaba como ejemplo supuestas confesiones del Mariscal de Sajonia, quien habría sostenido que su mula, que lo había acompañado en todas sus campañas, sin embargo, nunca había llegado a entender nada de estrategia militar. Y, lo que es peor, la conclusión del Mariscal: a muchos de sus generales les pasaba lo mismo.

Creo que, por remota, ni en la enorme sabiduría del General pudo representarse la posibilidad de que la maldad y la ignorancia confluyeran en una misma persona (o grupo). Reiteraré una vez más que el concepto de “maldad” no debe entenderse (al menos cuando  en esta página se lo mencione);  pasado por el tamiz de la ética ni la metafísica, sino en el contexto de la política.  Así, “malo”, desde la perspectiva de los intereses de las mayorías populares, será quien exprese los intereses de las minorías privilegiadas: lo “malo”, pues, es el proyecto. Queda claro, entonces, que, después de la lectura de Mario Puzo y decenas de vistas de “El Padrino”, ha quedado incorporada la máxima: “no debes odiar ni a tus peores enemigos; el odio te envenena y nubla tu juicio”. Esto, en cuanto a los malos. Ahora bien: la mula es la mula, y no hay vuelta que darle.

En las últimas horas de ayer, martes 6 de diciembre, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó el proyecto de modificación al impuesto a las ganancias. Para ello, diputados de todos (menos uno, el F.I.T, un clásico) los bloques de la oposición, a partir de sus propios proyectos (cuatro en danza) y, por medio de la lógica negociación, intrínseca a un ámbito parlamentario, cediendo y consensuando, arribaron a un proyecto común: el que, a su juicio, mejor contemplara los intereses de aquéllos a quienes iría dirigido.Con ello, daban por tierra con la pretensión del oficialismo de aprobar, contra viento y marea, su propia propuesta. Ésta tenía como antecedentes mentiras y “aprietes”. Las primeras, arrancando en una campaña que prometía “en mi gobierno ningún trabajador pagará ganancias” y un año de “esquivar el bulto”; las segundas, en reiteradas presiones a los gobernadores de las provincias, para que “razonaran” los inconvenientes que  sucederían a una baja de impuestos coparticipables, pretendiendo imponer (al decir de Winograd) la primacía de la billetera sobre el galán. Y bien, como dijera Tu Sam, “a veces falla”.

El relato post sesión del diputado Malaspina (Cambiemos) transpira tanta ingenuidad que enternece: estaba todo arreglado, salimos a comer un sándwich, y cuando volvimos nos enteramos de que la oposición había acordado un único proyecto. ¡ Tamaño atentado a la democracia ¡ La “franela” de todo un año, montada en la intransigencia del oficialismo, empecinado en no ceder un milímetro en su propio proyecto, y cebado en la eficacia de las presiones económicas a las provincias, el paseo por distintos programas televisivos del presidente del bloque oficialista, Emilio Monzó, haciendo gala de supuesta “muñeca” parlamentaria (comunicando, de paso, que es peronista … ¿ por si no se nota, vió ?), la falaz autoexaltación de la propensión al diálogo, como expresión de la inclaudicable vocación republicana; todo eso, venido abajo … por un puto pebete de jamón y queso.

Preparémonos a escuchar a los medios del clan. Ya algunos (T N, otros), en la medianoche, comenzaron con sus “democráticos” lamentos: ¡ Qué barbaridad, otra vez la “mayoría automática” ! ¡ Se quieren llevar por delante al gobierno ! ¡ Kicillof todavía habla ! ¡ No respetan los acuerdos ! ¡ Los diputados de las provincias que, creíamos, habían “hocicado”, nos hicieron “el entre” y se dieron vuelta !

¡ La puta madre, uno no puede, siquiera, irse unos días a la playa a disfrutar “con el equipo” que te caminan por la espalda !

Pero, pero, pero … Hay todavía algo peor, algo que irrita hasta los huesos, algo que no puede terminar de digerirse ( ¡ y mire que han pasado años, eh ! ), algo que no tiene repercusión presupuestaria pero que pesa como una montaña de hierro fundido, algo contra lo que trabajamos desde el primer día de gestión: dividirlos, atomizarlos, lograr que se peleen entre ellos, que se insulten, que se traten de traidores, y apenas te descuidás: todos ellos, del bloque que sean y respondan a quien respondan: ¡¡¡ TE CANTAN LA MARCHA EN LA CARA !!!

¡ Busquen el video, no vaya a ser que también la haya cantado Monzó !

Acallado el “ … sos el primer tra – ba – ja – dor … “, desde el más allá, como una letanía, la voz de Borges: “son incorregibles” .

Pero, si algún apóstol de la revolución de la alegría pudo digerir rápido el mal trago, y se permitió lanzar la mirada hacia un futuro no muy lejano, tal vez, le dio por insinuar un interrogante tenebroso como tormenta en cementerio: ¿ y si estos turros hacen lo mismo el año que viene, terminan por juntarse todos, nos cantan la Marcha y nos rompen … la hegemonía ?

¡ Ah, no, en la próxima de Chapadmalal se lo planteo a Mau !

Manuelita Rosas (La Restauradora)