Sólo excepcionalmente  desde esta página hemos expresado experiencias autorreferenciales. Esta nota podría ser considerada una excepción. Aunque, tal vez, si logra transponer el obvio umbral de mis sentimientos personales y llegar un poco más allá de las motivaciones íntimas que la originaron, algunos podrán percibir una pretensión de mayor alcance. ¡ Ojalá así sea !

Pero, lo primero es lo primero. Y estas líneas van dirigidas a vos, Lucía Molina, hija querida, que el pasado viernes 16 de diciembre prestaste tu juramento en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Es la cuarta ceremonia (si así me limitara a llamarla) que viví en mi vida: la primera, “en carne propia”, en el año 1974; las otras tres, con tres de mis hijos: Micaela, jurando como médica, Mariano, como abogado y ahora con vos, Luli, repitiendo el hermoso compromiso de trabajar por derechos “ajenos”.

Ingresar nuevamente a los claustros donde transcurrieron unos cuantos años de mi vida, como estudiante, como militante, como funcionario  y como docente, no deja de ser una experiencia que conmueve profundamente. Hacerlo como padre de una nueva abogada, naturalmente, mucho más.

Un juramento no es un trámite. Es la ratificación de una vocación, la confirmación de un compromiso, y, en el caso de un abogado, el cierre de una alianza indestructible con la Justicia; con todo lo que ello implica. Juraste defender la Constitución Nacional, la Democracia y los Derechos Humanos. Lo juraste por la Patria; no sé por qué no te animaste un poco más, ya que no sos una agnóstica. No importa. La más clara y perfecta expresión de la Justicia que podamos jamás imaginar es la Justicia Divina. Por eso, aún si hacer expresa mención, Él también te tomó juramento. Ante Él  también, entonces, será tu compromiso. Tu título te acreditará, de ahora en más, para actuar como un “Auxiliar de la Justicia”; de la Justicia, no del Poder Judicial. Es muy distinto. Tu desafío será mayor y más exigente, puesto que se enlazará con valores trascendentes, no con presupuestos coyunturales, por imponentes que parezcan. Se trata de la Justicia, no del Derecho. La justicia es la más acabada “atmósfera” concebible para la vida en sociedad. El Derecho ha sido, es  y será una construcción de los hombres; generalmente de los hombres que, por la vía del poder, han podido diseñarlo y hacerla aplicable. Las tiranías más abyectas, las dictaduras más sangrientas, los regímenes más autoritarios también han tenido “su” Derecho. Cualquier banda de delincuentes puede tener su Derecho, esto es, normas a las cuales ajustar su comportamiento. La Justicia es otra cosa. En lo metafísico, la más perfecta creación que armoniza al hombre con su pares y con su entorno. En lo individual, una virtud; “la virtud de las virtudes” en el pensamiento de Aristóteles, y, atendiendo a que, para él, una virtud del individuo era tal, sólo en la medida en que, de ella, aprovechara el conjunto. La Justicia, así concebida, no podía ser sino Social.

(“ ¿ De qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero si él mismo se destruye o se pierde ?”. Lucas 9:25) “Para ganar, he de ser leal, para ganar he de continuar. Para ganar, ¿ de qué sirve ganar, si no ganan conmigo los que vienen detrás ? “ Juan Carlos Baglietto.)  ¿ Creo que está claro, no?

Siguiendo la correlación, a los filisteos Jesús los sacó a los latigazos del templo. Pero no murieron. Bajo la versión sencilla de “hijos de puta” los vas a tener reclamándote “servicios”. Y,   como tal, te ofrecerán “retribuciones” proporcionales por ellos. Si el ejercicio de tu profesión debiera pasarse por el tamiz de las leyes de oferta y demanda, se convertiría en un tema a conversar. Pero vos juraste; hace poquitos días, juraste, no lo olvides. Entonces, la “invitación” es la jugada del Diablo. Y con el Diablo, como dijera el General:  “ ni justicia “.

En la ceremonia de juramento de la primera promoción de abogados posterior al triunfo del Frente Justicialista de Liberación en las elecciones del 11 de marzo de 1973, me “correspondió” pronunciar el discurso (en cuestionable “representación” de la promoción). Ejercía, en ese momento y recién recibido de abogado, el cargo de Secretario de Asuntos Estudiantiles de la Facultad y, en función de ello, las autoridades me “invistieron” del derecho de participar del acto de jura de egresados “ como vocero “ de mis pares. Tengo un ligero y distante recuerdo de mis palabras, propias de un momento particular de nuestra historia en el que, luego de casi 18 años de proscripciones, el peronismo volvía, por elecciones democráticas, al gobierno. Podrán imaginar los términos de la alocución. La entiendo (me entiendo) pero no me colma, precisamente; sobretodo, vista (o vagamente recordada) más de 40 años después. Me alegra y reconforta que el entorno en que juraras vos, Lucía, sea otro. Y no porque las circunstancias políticas sean óptimas, sino porque, cuando escuché las palabras del docente que participó, con su discurso, en la ceremonia, y su énfasis en la asociación de la jura con la democracia, la Justicia y los derechos humanos, sentí que aquella ametralladora de mi  discurso de 40 años atrás, había sido, afortunadamente, superada.

Ahora, Luli, te queda lo tuyo. Vos juraste;  y vas a vivir, por tu propia decisión, “hermosamente presa “ de ella. Y va a pesar sobre tu conciencia el extraordinario desafío de experimentar, día a día, el “balance” de tu propia obra. Y, para ello, pasar por las dos “pruebas” fundamentales: la del espejo y la de la almohada. La primera te permitirá observarte y verificar que, más allá de los cambios obvios de edades y looks, sos la misma que el 16 de diciembre de 2016 juró ante la Patria y (te lo repito)”con copia al de Arriba”.¡ Que nada te incomode de la imagen que recibas, que menos te repugne !  Salvar satisfactoriamente la de la almohada te va a permitir que, a la hora del sueño, te reconozcas cumpliendo los sueños. Y, así, aquél será placentero y verdaderamente reparador. Y éstos, reverdecidos con el compromiso cotidiano.

Queda una más. De tipo “procedimental”.  Si la Justicia está allá, “tan arriba”, ¿ cómo encontrarla para que te guíe acá abajo ? Como si fuera con un faro o una brújula, buscala bien abajo, en tu gente, en el sentido común de tus hermanos, en tu pueblo. Porque vos no juraste por la Justicia en cualquier lado; lo hiciste en una Universidad Pública y Gratuita. Lo hiciste gracias a que todo un Pueblo participó con su aporte para que vos hoy tengas en tus manos un título universitario. Él también te demandará si defeccionás. Ante Él también asumiste un compromiso.

“Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y, el que comprendiéndolo no actúa tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra” (Rodolfo Walsh, “C.G.T. de los Argentinos”)

Esto es tu logro, el resultado de tu esfuerzo. Pero nunca estuviste sola. Por eso, el resultado también deberá ser para todos, “ … los que vienen detrás …” Los que siempre estuvimos cerca acompañándote, orgullosos, seguiremos estando, para lo que necesites. Dios te bendiga, mi negrita querida.

CARLOS MOLINA